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Sunday, July 24, 2011

EDUCACION Y EMPLEO

Hace cerca de un año, participé de un foro en que se discutió el vínculo entre educación y el mundo del trabajo. El asunto no es menor porque, mientras mayor sea la barrera entre formación y las exigencias del mundo laboral, más se dificulta la posterior inserción al trabajo y, a su vez, más se puede acrecentar la brecha entre empleo y vocación laboral.

Dado este escenario, aprovecharé esta tribuna para refrescar algunos puntos que me parecen fundamentales de cara a una educación que no solo sea de calidad, sino que, esa calidad, sea útil para cada estudiante y para el futuro del país.

  1. Ni los colegios ni la enseñanza superior (técnica y universitaria) enseñan a trabajar en equipo. Y esta es, precisamente, una de las principales exigencias de entrada que se buscan en los procesos de selección de personal. Distintos investigadores que han consultado a ejecutivos de recursos humanos sobre cuales son las principales falencias que encuentran en quienes se inician laboralmente, coinciden en esta exigencia tan esencial como olvidada en las aulas. Con suerte, se tienen ciertas ideas para interactuar en un grupo, pero, de ahí a operar bajo la lógica de equipos de alto desempeño, hay una distancia demasiado grande. Preparar para el trabajo, es preparar para lo que se necesita en esta dimensión de la vida. Hacer lo contrario, a costa de estos contenidos es, esencialmente, una irresponsabilidad.
  2. Ni los colegios ni la educación superior, desarrolla la búsqueda de un sentido trascendente de una profesión. Cuando se le pregunta al recién egresado (técnico o profesional) por qué quiere trabajar, su respuesta inicial es, con indeseable frecuencia, “para ganar dinero”. Hay una gran debilidad al no lograr que, nuestros estudiantes, salgan con un sentimiento vocacional claro. Al no mostrar, desde los primeros años educacionales, el abanico de opciones laborales y de desarrollo personal que provee la sociedad actual, llevamos a que los estudiantes, cuando deben elegir “qué estudiar”, se enfocan en los ingresos potenciales que podrían recibir, más que en las opciones que les permitirá sentirse más satisfechos consigo mismo. Transformar el sueldo en una finalidad en si mismo, da cuenta de una ceguera vocacional que lleva a que, crecientemente, encontremos que personas, aún con su título en la mano, siguen deambulando desconcertados como adultos, en una sociedad donde no logran saber cual es su espacio, que les permita contribuir al mismo tiempo que son felices.
  3. Se olvida desarrollar el emprendimiento personal, y construir desafíos propios para actuar orientados e impulsados por ellos. Esto, en no pocas circunstancia impacta en los niveles de empleabilidad, dado que la única puerta que tocan los recién egresados es la de los empleos asalariados, olvidando espacios de autonomía que, en ocasiones (dependiendo del tipo de estudios), pueden resultarles incluso más rentables y disponibles para ellos. No abordar de manera efectiva esta dimensión de la formación profesional provoca, además, que un porcentaje muy alto de emprendimientos, terminan en fracasos. En la educación media, todo estudiante debería egresar con herramientas concretas, practicas y válidas que les permitan activar planes exitosos de supervivencia (económica y vocacional) si, por la razón que sea, no puede continuar con sus estudios técnicos o superiores. En este plano, los temas de creatividad, iniciativa y proactividad deberían ser contenidos transversales, obligatorios de cualquier malla curricular.
  4. En ningún nivel formativo se enseña a vivir en esta época de cambios tan rápidos y continuos como imprevistos. Esto genera una excesiva resistencia a ellos, propio del natural temor a lo desconocido. Acostumbrarse a desenvolverse en condiciones en que las incertidumbres son mucho mayores que las certezas y a planificar los proyectos personales incluyendo “protecciones” que les permita hacerse cargo de los vaivenes propios de toda sociedad viva, son aspectos que también entran al listado las carencias de nuestros proyectos formativos. 
  5. No se desarrolla el pensamiento crítico. Los jóvenes tienden a “seguir la corriente”, sin enfrentar los problemas o los cambios de perspectivas, más bien tratando de mimetizarse con la posición de las jefaturas ocasionales. Al ocurrir esta situación, se instala en los trabajadores jóvenes, desde su inicio, un estilo laboral caracterizado por la sumisión y la repetición de tareas, sin que haya espacios para activar miradas creativas para su ejecución. Si esto no es deseable para quienes entran al mundo laboral desde la enseñanza media, para quienes lo hacen desde las carreras técnicas y, especialmente, desde el nivel universitario, resulta de una extrema gravedad. Tal vez, puede ser uno de los aspectos que expliquen el porqué, como país, en Chile estamos tan mal en materia de innovación y desarrollo creativo. 
  6. Son claramente insuficientes los recursos (públicos y privados) que se destinan a la educación técnica. Hay una suerte de lamentable desprecio social por este nivel educacional. Esto se observa, por ejemplo, en el sueño de cada familia de que su hijo/a sea universitario/a, pese a que son crecientes las carreras técnicas que están mejor valorizadas que las universitarias. Este reemplazo de vocaciones por falsos conceptos de valor social, lesiona la convivencia comunitaria dado que el mercado de profesionales comienza a superar la oferta de empleos para estas personas con lo que, buena parte de ellos, termina trabajando en funciones técnicas con la inevitable frustración que ello les provoca. Acá el desafío es de la sociedad en su conjunto, pero un rol no menor es el de los profesores de la educación media, al interior de la sala de clases.
Como conclusión, en nuestro país aún no hemos sido capaces de instalar los urgentes y fundamentales puentes que comuniquen satisfactoriamente el mundo de la educación con el mundo del trabajo. Mientras ello no ocurra, seguiremos hipotecando oportunidades de desarrollo, de crecimiento país y, por sobre todo, fortaleciendo frustraciones entre nuestros jóvenes que, muchas veces, aún ya titulados, todavía no saben por donde quieren caminar la vida como adultos. Más grave aún, cuando la persona no concluye sus estudios, queda a la deriva, pues no es competente en nada especial, pero suma el dolor de esperanzas que pasan a ser nuevas utopías de su vida.

La educación es un factor insustituible en la lucha para reducir las desigualdades sociales pero, para ello, debe comenzar superando sus propias incoherencias entre lo que deben hacer y lo que están realizando en la actualidad.

Saturday, June 04, 2011

No es llegar y despedir a las personas


“¡¡Y se suicidó!!”

Era el final de una conversación telefónica en que un amigo me contaba que, en su lugar de trabajo, habían despedido a una trabajadora que tenía buena cantidad de años en dicha institución. Ella llegó a su casa, se lo comentó a su esposo que, a su vez, ya acumulaba muchos meses cesante. El, luego de oírla, se retiró al patio de la casa. Rato después fue encontrado, sin vida.

La noticia me dejó reflexionando. El tema del despido es un asunto demasiado serio y se suele tomar con una ligereza muy cercana a la irresponsabilidad en no pocas ocasiones.

Recuerdo, por ejemplo, el caso de un trabajador que llegó a mi oficina, me pasó un documento de dos carillas, y me dijo: “léelo”.

En la primera hoja, se narraba, con mucha emoción y satisfacción, el nuevo proyecto institucional que enfrentaría el departamento en que trabajaba el portador de la misiva. Confieso que, un par de veces estuve tentado a suspender la lectura para decirle que abreviáramos y me contara a qué puesto lo habían ascendido. Pero, por respeto a su petición, seguí leyendo. Cada párrafo era más estimulante en el salto cualitativo y tecnológico que se les venía por delante.

La segunda carilla, tenía solo tres párrafos. En el primero se terminaba de reseñar el nuevo escenario que imperaría en ese espacio laboral, pródigo en buenas noticias. El segundo párrafo decía algo así como “desafortunadamente, en este nuevo rediseño laboral, su cargo no es necesario, de modo que le notifico que su contrato con nuestra organización cesará el próximo 31 de …..”. El tercer y último párrafo era para indicarle que se presentara en RR.HH., donde se le entregarían los detalles necesarios para su finiquito y, en definitiva, para resolver todas las formalidades de su despido.

Casos tan extremos como este, he conocido muy pocos pero, que exista uno, ya debe hacer reflexionar respecto de qué, cuándo y cómo concretar un despido.

Hay estudios que avalan que, luego de los suicidios originados en la pérdida de familiares muy cercanos (conyugue, hijos, padres), la siguiente causa de suicidios tienen que ver con la pérdida de las fuentes laborales. Por eso que el asunto no puede, desde ningún punto de vista, ser banalizado.

En el inicio de esta columna, contaba una conversación del día en que escribo estas reflexiones. Acá, la persona que se suicida no es quien es despedido, ni tampoco es una persona que haya trabajado en tal empresa. Por lo mismo, no es pertinente endosar responsabilidad alguna a quien hizo la notificación. Pero, pese a ello, me parece válido mencionar el caso, porque los efectos de un despido pueden ser muy fuertes y graves, en ámbitos que tal vez no imaginemos, o no nos corresponda imaginar.

Sin embargo, pese a esa ausencia de responsabilidad, pueden provocar situaciones de tensión y desconfianza al interior de los equipos laborales, asunto que sí pasa a ser tema de la competencia de esa empresa, porque impactan directamente en los indicadores de gestión interna.

Domingo Sánchez Caro, un sociólogo chileno que dejó este mundo en la plenitud de su lucidez intelectual, me enseñó que un despido es algo así como un duelo, que sigue un cierto proceso ineludible, y que es más o menos reconocible, en función de lo más o menos sorpresivo que sea el despido.

En un primer momento, nos decía el doctor Sánchez, la persona niega la realidad. Se asume como soñando, como que se equivocaron y ya lo llamarán para excusarse y devolverle el cargo con una bonificación compensatoria, por el error cometido, etc. En este estado de negación de la realidad, se puede pasar un par de días, o ser casi imperceptible, si la decisión era previsible (los vendedores que no cumplen las metas, suelen estar muy conscientes de lo lábil que puede ser su permanencia laboral, por ejemplo).

La segunda fase suele ser aún más compleja. Coincide con el reconocimiento de su nueva realidad (cesante) y se puede caer en un estado de frustración profunda, adoptando expresiones del tipo: “no sirvo para nada”; “ahora nadie me querrá dar empleo”, “si fracasé acá, significa que no soy bueno para nada”, en fin, se puede desarrollar un muy largo listado de juicios auto flagelantes, que provocan ansiedad, miedo, angustia, desesperación con resultados insospechados para superarlo. Si nos imaginamos saltando por un trampolín hacia la piscina, la situación es análoga al momento en que se entra al agua, en picada.

La tercera fase, es la que abre las reflexiones hacia espacios de esperanza. Es como haber tocado fondo y tener la capacidad de salir adelante. Si volvemos a la analogía anterior, el nadador cambia el eje de su desplazamiento y comienza a cambiar el sentido de su desplazamiento. El despedido se acepta en su nueva situación, toma conciencia objetiva de su realidad, y vuelve a ser consciente que tenía vida antes de entrar al empleo que ha perdido, que mantiene todas, sin excepción alguna, sus competencias, su capacidad física, su mundo social en fin, ha perdido algo importante, el empleo, pero nada más y, por lo mismo, de él depende el qué hará con su vida desde ese instante hacia adelante.

La cuarta fase es consecuencia natural de la anterior. Como el nadador, es solo asunto de tiempo porque, que saldrá del agua hacia la superficie, inevitablemente lo hará. En el cesante, esto coincide con las decisiones que decide comenzar a adoptar, al momento de reinventarse. De ellas, tiene tres posibles escenarios futuros (a) se reubica en un nivel relativamente menor a la posición anterior; (b) se reinstala en una ubicación muy comparable a su status laboral del ex empleo; o (c) se proyecta, aprende de la experiencia, se reorganiza y se sitúa en una posición muy superior a la que tenía. ¿Cuál de ellas será la real en cada caso?, dependerá, precisamente, de cada caso. Lo único objetivo es que, la persona cesante, se reinsertará en el mundo laboral y la experiencia vivida pasará a ser una historia más que contar a sus nietos.

Vuelvo al inicio de este columna, las decisiones que se adopten al momento de notificar de despido a una persona, tienen mucho que ver con la forma en que, quien esté afectado, viva este proceso descrito. Esto siempre es responsabilidad del empleador. Lo es por dos razones:

1. Porque la ética laboral obliga a respetar y cuidar la integridad de toda persona. Una cosa es despedirla porque no es compatible con el cargo que desempeño y otra, radialmente distinta, es hacerlo denigrando a la persona en su esencia de tal, hiriéndola psicológicamente.

2. Aún en la más pragmática de las posiciones, es “buen negocio” tratar con respeto, deferencia y apoyo a la persona despedida. No olvide nunca, que los demás trabajadores de la empresa estarán atentos a cómo se trata al despedido. Lo que no les guste, los alejará emocionalmente de su trabajo (y pueden comenzar a pensar en irse). Lo que les parece bien hecho, les proveerá de tranquilidad para su propia estabilidad laboral, y se quedará con trabajadores más comprometidos con su empresa.

En alguna columna posterior, compartiré algunos tips que ayuden a que la notificación, dentro de su crudeza inevitable, no sea tan traumática y ayude a que, los despedidos, rápidamente pasen a la fase 3. Los suicidios son propios de la fase 2, cuando todo se ve negro, muy negro.

Saturday, July 31, 2010

Nivel 2. CONCIENCIA DE LA INCOMPETENCIA

Así como en el nivel anterior, el de la inconciencia de la incompetencia, las personas pueden andar muy relajadas dado que lo desconocido, si no se hace presente, a nivel de convicciones o certezas de la persona, no es amenaza desde ninguna perspectiva, este segundo nivel de desarrollo, juega un papel totalmente diferente.

Este nivel abre ventanas, abre puertas, abre oportunidades, permite construir futuro más allá de la inercia del momento presente.

Implica pasar a un estado en que se sabe que no se sabe. Este nivel se denomina “conciencia de la incompetencia”. A partir de esta “toma de conciencia” pasa a ser posible cualquier salto de aprendizaje para la persona. Implica reconocer una debilidad y, por lo mismo, mientras más cercana o relevante le parezca esta brecha, respecto de sus capacidades actuales, más motivación tendrá para activar acciones que la lleven a superar este espacio de oportunidades recién descubierto.

Una característica especial de este paso al nivel 2, es que no es una acción voluntaria de la persona. Es un descubrir sorpresivo. No puedo decir, “he resuelto salir de la ignorancia de mi incompetencia”, porque, como dijimos, ese primer nivel es ciego y sordo, por ser desconocido y ausente de las percepciones del individuo. Solo lo reconozco cuando ya estoy en el segundo nivel, cuando descubro que algo nuevo puedo trabajar para ser capaz de hacerlo. Cuando digo la afirmación anterior, en definitiva, ya estoy fuera de esa “ignorancia”. Ya sé que existe la debilidad.

Cuando mis hijos eran pequeños se sentaban en mis piernas para ayudarme a guardar el auto y, con frecuencia me decían que sabían manejar. Seguramente, si se me hubiese ocurrido pasarles las llaves y decirles que manejaran entonces, ellos, aún cuando sus pies no llegaran a los pedales, habrían tomado las llaves y comenzado a esforzarse por maniobrar el vehículo. Esta situación me parece un ejemplo muy claro del nivel de inconciencia de la incompetencia. Pasado el tiempo, cuando ya los pies de mis hijos alcanzaban los pedales, cuando no había limitantes físicas para manejar el auto, desistieron de hacerlo porque, en su crecimiento, descubrieron que manejar era más que solo creer que se maneja, descubrieron sus debilidades para este objetivo. Fueron conscientes de que había aspectos que aún no sabían o que no eran capaces de controlar, entraron al nivel de conciencia de la incompetencia.

Otros ejemplos de este nivel son: cuando los niños quieren leer un cuento y se percatan que no saben como hacerlo, cuando quieren caminar y, al pararse, se caen, cuando los jóvenes quieren ser profesionales y se dan cuenta que tienen un largo, pero muy interesante camino por delante, cuando alguien quiere dibujar un proceso y descubre que existen los flujogramas, pero no sabe como usarlos, cuando una persona quiere analizar abundante información estadística y descubre que existe el SPSS, pero no tiene idea como emplearlo, en fin, cada día siempre nos provee valiosas oportunidades de desarrollo al descubrir temas sobre los que no interesa alcanzar cierta capacidad de despliegue.

Un atributo propio de este nivel es que, junto con “saber que no sabe”, se identifica simultáneamente más de algún curso de acción para remediar la situación si, desde luego, importa el asunto. Por lo mismo, la toma de conciencia abre no solo un horizonte nuevo, sino que muchos otros que pueden llevar a superar la brecha. Cada uno de ellos, también es un nuevo mundo de oportunidades.

Cuando nos hacemos cargo de estas debilidades y actuamos para superarlas, podemos llegar al tercer nivel de desarrollo, el nivel de la CONCIENCIA DE LA COMPETENCIA, tema del siguiente post.

Saturday, May 16, 2009

EL TRABAJO DE BUSCAR TRABAJO CON LOS CONTACTOS

En tiempos complejos, como los actuales, es bueno tener claro que el buscar trabajo es, en si mismo, un trabajo. Trabajo que si se hace bien, es decir, de manera eficiente, responsable y perseverante, resulta al final en un empleo acorde a las expectativas, no solo económicas, sino de desarrollo personal y profesional, asunto que, con la perspectiva del tiempo, siempre es más trascendente y relevante que el solo tema remuneracional.

Por lo mismo, el trabajo de buscar trabajo, no se puede destinar a los tiempos libres, orientado solo a mandar por correo certificado el currículum, como esperando que llegue, de vuelta, el cartero con un empleo ensobrado.

Tomarse el buscar trabajo como un trabajo en si mismo, implica asumir ciertas rutinas. Implica organizarse en qué se va a hacer al día siguiente; levantarse temprano, con ropa de buscar trabajo; escribir y llamar a quienes se ha planificado escribir o llamar; hacer las visitas necesarias, según un calendario predefinido y, al terminar la jornada laboral de cada día, en este empleo de buscar empleo, se debe (1) evaluar las gestiones de la jornada y (2) planificar lo que se hará al día siguiente.

En suma, implica destinar a lo anterior, 8 horas diarias (porque cuando no se tiene trabajo, este trabajo de buscar empleo debe ser intensivo) y solo en las horas que se auto definan de "colación", y “después del trabajo", se puede destinar a otros aspectos de la calidad de vida, llámese lectura, cine, museos, pololeo, chateo, facebook, en fin, la creatividad humana es infinita.

Cuando se mezclan los tiempos, los resultados comienzan a hacerse más precarios. Al final, como todo, es un asunto de prioridades.

Así, quien se toma en serio el trabajar en buscar trabajo, debe asumirlo como son, en general, los trabajos: con ratos muy gratos, pero aceptando también otros momentos que pueden ser aburridos y frustrantes, pero que igual hay que enfrentar y superar.

Un dato final. Seguramente, del gran total de las necesidades de personal que estén disponibles en el día hoy (o mañana o pasado mañana), el 70%, o más, se resolverán a través de los contactos (“pitutos”). Por lo mismo, no podemos dejar de lado está línea de “trabajo”. Para ello también hay una técnica.


BUSCANDO TRABAJO CON LOS CONTACTOS

Si usted, o alguien a quien conoce, está buscando empleo, tiene dos alternativas: (1) perder el tiempo reclamando contra la práctica de los contactos, quejándose a la vez de que usted “no tiene pitutos”; o (2) al margen de explorar otras alternativas de buscar empleo, bailar también al ritmo de esta música que se toca en el 70% de de los casos.

Usted decide, porque usted es el protagonista de su propia vida. Claro, también puede elegir ser una víctima de la vida que le está correspondiendo vivir, pero no lo recomiendo.

Si se queda en la primera opción, la de reclamar contra esta práctica, deje de leer porque no le servirá de nada lo que viene a continuación. Si va por la segunda alternativa, la de jugar también el partido de los “contactos”, estas líneas espero que le ayuden.

Partamos por el concepto. Para nuestros fines, “Pituto” es toda persona que lo conoce a usted y que, a su vez, conoce a otras personas que están trabajando. Dada la connotación peyorativa que se le ha dado a la palabra “pituto”, yo prefiero hablar de “contacto”, pero me estaré refiriendo a la misma persona.

Le sugiero lo siguiente:

Paso Número 1. Tome lápiz y papel (una planilla excel es una estupenda alternativa), y anote hacia abajo, a toda persona que esté trabajando a la que usted conozca y se pueda comunicar con ella.

No discrimine a nadie. Parta por los hermanos/as, padres, pareja, cuñados, vecinos, compañeros del colegio, compañeros del trabajo anterior, conocidos del Centro de Padres, amigos, compañeros de las pichangas de fin de semana, conocidos de la parroquia, colegas de profesión, amigos de facebook, etc., etc. En la medida que avance en su listado, cuando cruce el umbral de las 20-30 personas (en mi experiencia) verá como la nómina comienza a crecer de una manera que le sorprenderá.

No se trata de buscar personas en que haya una muy profunda amistad previa. Basta que sea alguien con quien pueda conversar, alguien que no lo/a vea a usted como un/a desconocido/a.

Entre paréntesis, cuando observe esta lista que ha construido, lo invito a que reflexione en cuantas veces usted se ha dicho, o ha sostenido frente a otros, que “usted no tiene pitutos”. Esto es falso, nadie está tan castigado como para no poder construir su propia lista. Todos tenemos “pitutos” … y más de los que pensamos a primera impresión.

Esta es la buena noticia.

La mala noticia es que, en mi opinión, muchas veces uno no encuentra pega en esta nómina de contactos.

Dos caminos se abren entonces: (1) Tomar su listado, arrugarlo para liberar parte de su ira, aprovechando de maldecir al autor de estos párrafos por proponer hacer este listado, botarlo, e ir a tirarse a ver televisión, o (2) recordar que el trabajo de buscar trabajo es, en si mismo, un trabajo demasiado importante y, por lo mismo, no es llegar y renunciar, ni menos frustrarse a la primera.

Si va por la segunda vía, alégrese del listado que tiene, cuídelo mucho, vea si lo puede seguir ampliando porque, sin este listado, no puede avanzar al Paso Número 2.


AMPLIANDO HORIZONTES

Paso Número 2. Tome su listado y, al lado del primer nombre, anote hacia abajo los nombres de las personas o cargos que usted cree que su contacto de primera línea, conoce con la confianza suficiente para hacerle una petición (es decir, no tiene por qué ser amigo, con ser conocido/a basta).

Acá es donde es tan útil el Excel, porque deberá ir insertando filas por cada persona que usted puede asociar a esa persona que usted conoce. ¿Se entendió?. Bien, haga lo mismo hacia abajo, persona a persona, disciplinadamente, con paciencia y perseverancia. Mientras mejor haga este trabajo, las posibilidades de encontrar un empleo se comienzan a ampliar tanto como su archivo, que cada vez es más y más extenso. Lo habitual es que, mientras más cercano sea el contacto de primera fila, más larga es la nómina de la segunda fila.

Es en esta segunda columna, donde aparecen las verdaderas opciones de encontrar trabajo. Es decir, en personas que, seguramente, no lo conocen a usted.

No tiene para que cubrir de una vez toda la segunda columna. De hecho, a medida que pasen los días, y vaya observando la lista, recordará más y más posibles contactos de primera columna y, también, por lo mismo, de “segunda derivada”. Es lo mejor de este sistema, porque su horizonte de explorar alternativas de trabajo se amplían una y otra vez.

Tal vez, puede partir con un listado suficientemente amplio que le permita comenzar a “salir a terreno”. Para ello, primero, tres tareas previas:

En la tercera columna anote el tipo de trabajo a la que podría optar con la persona que aparece en cada fila. Para ello, bastará con la información (en algunos casos muy precaria) que tiene de esa persona (recordemos que no la conoce). Por ejemplo, el nombre del cargo, el giro y tamaño de la empresa, etc. (Google es muy útil), pueden ser buenas pistas como para que usted se forme un juicio de “en qué usted puede ser un aporte importante para ese lugar”. Esto es muy importante para sus conversaciones futuras.

Revise y actualice al máximo su currículum vitae. Deberá tener una versión de base, con todo lo que usted estima que le suma valor a su capacidad de contribución en el mundo laboral. En esta tarea, coloque especial énfasis en dejar constancia, más que de cargos, de productos y logros que ha alcanzado en su carrera previa. Ordene todo, de lo más reciente a lo más pretérito. No importa que le resulte un documento demasiado largo. No es relevante porque la idea es que esta versión sea solo suya, no se envía.

Dese el importante trabajo de ir generando versiones más abreviadas de su C.V., que sean orientadas a destacar sus fortalezas, respecto de aquello en lo que usted estima que destacan sus competencias laborales y que pueden resultar de interés para el respectivo “contacto de segunda línea”. Es seguro que no requerirá de una versión diferente de CV para cada persona a la que le interese que le lleguen sus antecedentes, pero debe asegurarse de que cada uno que entregue o envíe, tiene el sello de que le haga sentido concreto al lector destinatario.


Si tiene su listado suficientemente maduro, y su versión de base del CV, revisada (incluso cuidando que no tenga errores de tipeo) ya está listo/a para “salir a terreno” a buscar trabajo.


A LA CONQUISTA DEL MERCADO LABORAL.

A estas alturas, ya deberá concordar conmigo en que el trabajo de buscar trabajo es, realmente, todo un trabajo. ¿Cierto?. Y si no solo lo ha leído, sino que ha avanzado con las sugerencias planteadas, seguramente estaremos de acuerdo, además, en algunos aspectos:

Está sorprendido de la dimensión de la red que usted tiene. (Ya nunca más podrá decir que no tiene contactos).

Ha tenido que trabajar harto, tanto en lo físico (armando la planilla, escribiendo nombres, insertando filas, reordenando la información, etc.), como también en lo mental (pensando en nuevos contactos y en los contactos de aquellos, pensando en qué puede ofrecer a cada uno, etc.).

Esta sobrecarga de trabajo le ha ayudado a “despejarse”, a dejar de pensar en la ausencia de empleo como un túnel sin salida. Y cuando uno se comienza a colocar optimista, comienzan a llegar las buenas noticias. De hecho, el estado de ánimo es clave al momento de cualquier conversación de trabajo.

De modo que más motivados, sabiendo que si le va bien en una conversación será excelente pero, si no resulta, no es tan grave porque la lista aún es muuuuy larga, le sugiero que se prepare para salir a “terreno”.

Paso Número 3. Salir a terreno puede, en este tema, efectivamente implicar que deba salir a la calle a conversar con sus amigos, pero, también, puede ser sólo sentarse cerca del teléfono y comenzar a llamar. También está la alternativa de los mails, pero, en lo posible, sugiero evitarla. Una conversación directa no tiene comparación con el correo electrónico, para los fines de lograr un compromiso.

Usted solo tomará la iniciativa comunicacional respecto de sus contactos directos, los de la primera columna, de modo que no deberá desgastarse en dar demasiadas explicaciones sin que se las pidan.

Cuando llame o visite a su primer contacto, el diálogo que le sugiero es, más o menos, del siguiente tipo:

Tu sabes que estoy en busca de trabajo y, para ello, necesito pedirte un pequeño favor. Se trata de que contactes a (y le indica el nombre de uno de los contactos de la segunda columna, es decir, los que son conocidos del contacto con el que está conversando) y le digas que le quieres mandar por mail los antecedentes de un/a amigo/a tuyo que está sin pega en este momento. Nada más, con esa gestión, y el posterior reenvío por mail de mi CV, me ayudarás mucho”.


Lo más probable es que su contacto le diga que “encantado/a”, porque (1) no lo compromete en nada, (2) es de rápido despacho y, (3) seguramente, tiene toda la genuina intención de ayudarle.

Dependiendo de la forma en que su “contacto de primera columna” tome su petición, usted solo debe acordar el mandarle el CV por mail (la versión abreviada que corresponda a ese contacto), para que él lo reenvíe, o bien, (lo que debería suceder muchas veces) aproveche de consultarle “si es posible que también lo ayude de la misma manera con otros de sus contactos cercanos”, y le comenta su lista de “segunda columna” asignada a su contacto.

Le sugiero que sus primeras conversaciones no las haga con las personas en que tenga mayores expectativas de éxito. Hágalo al revés. Primero con quienes tiene dudas de que, incluso, lo vayan a escuchar. El tema no es que sea bueno que parta con “fracasos”, sino que, estas primeras conversaciones, le permitirán ensayar su presentación, aprender de sus propias reacciones frente a lo que le diga el interlocutor ocasional, de manera que, cuando se acerque a los más “valiosos”, ya tenga expertise en esta conversación de pedir apoyo para encontrar trabajo. Además, estará mejor preparado para recibir respuestas negativas (si las hay) sin que le afecten demasiado. Así podrá seguir avanzando en su ronda programada.

Al concretar cada diálogo, usted habrá logrado, al menos, dos resultados:

Tendrá a otra persona trabajando, junto con usted, en el trabajo de encontrarle trabajo.

Esa persona, aunque usted no se lo ha pedido, también se quedará pensando en cómo ayudarlo, y no es de extrañar que, por decisión propia, aumente incluso más el listado de distribución. No se sorprenda si él mismo le ofrece una opción laboral, sin que usted se lo haya solicitado. Es poco frecuente, pero ocurre.


Hecho esto, pase a su segundo contacto de primera columna … y así sucesivamente. Tiene mucho trabajo por delante.

Si está desanimado, le duele la cabeza, u otro problema de salud, suspenda su labor de buscar trabajo y otórguese una “licencia médica” de un par de días, porque, enfermo o desmotivado, la tarea resultará más improductiva que valiosa, y no es fácil repetir una conversación ya realizada.


PALABRAS CLAVES: Planificación, disciplina, perseverancia, humor.

Planificación: Organícese una meta diaria y una meta semanal de trabajo. Buscar y encontrar trabajo es una labor urgente y prioritaria, de modo que no debe relajarse, como tampoco abrumarse de conversaciones por realizar, al punto que deba estar atento al reloj, en vez de estar atento a las señales de su interlocutor. Esto es tan negativo, como lo es llegar atrasado/a a una conversación.

También deben formar parte de su planificación las sucesivas vueltas a revisar sus listados de primera y segunda columna. Es altamente probable, que cada vez que la revise, seguirá recordando nombres y ampliando su base, es decir, cada vez estará aumentando la probabilidad de encontrar trabajo y esto siempre será una buena noticia.

Del mismo modo, debe reservar tiempo para ir anotando, en la misma planilla si es posible, los resultados de cada conversación que tenga, incluyendo fecha, hora de la gestión y todo eventual compromiso que haya concordado.

Por último, agréguese alguna rutina de ejercicio físico, aunque sea caminar algunos kilómetros. Tiene que ayudarse a usted mismo/a a “botar” las tensiones y las ansiedades.

Disciplina: Como a todo lo que nos importa, le tenemos que asignar una importancia primordial, y actuar consecuentemente. Es muy importante, entonces, fijarse una rutina especial, que parta por lo formal (vestirse adecuadamente, para estar más enfocado anímicamente (no exagere colocándose corbata en casa, pero tampoco vaya al otro extremo), si se queda en casa, pida que no lo interrumpan mientras avanza en su quehacer, en suma, tómese en serio el tiempo que destine a esta tarea.

Asegúrese de que lo que ha planificado, lo cumple. Todos los días revise y sistematice lo realizado en esta materia. Y lo que no se pudo concretar, replanifíquelo.

Perseverancia: Los “no” que reciba, debe entenderlos como inevitables. Si se frustra, mejor deténgase, respire profundo, camine un poco y, después, continúe en su trabajo de buscar trabajo. Esto es igual que en los empleos remunerados, con momentos de profundas satisfacciones y sensaciones de felicidad, y otros en que la rabia y la decepción bloquean nuestra capacidad de actuar de forma equilibrada. Y así como en esos trabajos (mientras resolvamos seguir ahí) no nos queda sino continuar ejerciendo, en la labor de buscar empleo, es exactamente lo mismo.

Usted es el protagonista de su futuro laboral y por lo mismo, no puede ni debe rendirse. Por lo demás, el encontrar trabajo es un tema estadístico. En épocas de crisis es más complicado, pero siempre hay una opción. Mientras más siembre de manera ordenada, más pronto resolverá su desempleo. Es cosa de tiempo, perseverancia y …

Humor: No solo es sano para el cuerpo. Lo es más para el espíritu y le dará mejores herramientas para asumir adecuadamente las entrevistas a que deba someterse. Búsquele el lado grato, incluso a los momentos más complicados. Siempre se los encontrará y le permitirán recuperar el equilibro más rápido. Cuando lo logre, podrá dar vuelta la página y estará listo/a para la siguiente visita o para la siguiente llamada telefónica. Como diría Platón: “Muchas veces ayudó una broma donde la seriedad solía oponer resistencia”.

REFLEXIONES FINALES

Primero que todo, cuando encuentre trabajo, contacte a las personas a las que le ha pedido apoyo, agradézcales y cuénteles que ya tiene empleo. Es importante que ellos/as dejen de destinar tiempo a su petición, y es bueno que ellos se alegren con usted. Al margen de que es una acción elemental de cordialidad, usted no sabe si será necesario volver a recurrir a ellos y es mejor cuidar la relación.

Vamos a las reflexiones finales:

¿Qué pasa con quienes están entrando al mercado laboral?.

Probablemente les resultará algo más complicado el encontrar el primer empleo. Si no pudieron quedarse en el lugar de la práctica, la habitual exigencia de experiencia, incluso para cargos en que no es necesaria, les dificultará más la tarea. Pero el proceso, y las palabras claves, son las mismas. Todos tienen redes. En estos casos, además ayuda el que el espectro laboral posible es más amplio y que las expectativas de ingresos sean también más acotadas.

Tal vez una distinción interesante es que puede ser valioso el buscar lugares en que pueda colaborar con ingresos muy bajos (o incluso ad honorem), de manera transitoria, acordando desde el inicio la facilidad para el retiro, en el evento de que encuentre un empleo más cercano a sus expectativas. Con ello, usted se mantiene activo (asunto siempre importante para el buen ánimo), suma experiencia laboral y siempre está la posibilidad de que, al final, se quede en ese lugar, en condiciones que le resulten aceptables.

También puede ser un buen momento para seguir especializándose, en cursos breves de capacitación o en diplomados. Acá, sin embargo, es bueno tener cierta claridad de por dónde le interesa orientar su trayectoria laboral, de modo que los cursos en que se inscriba contribuyan a reforzar sus dominios en esa línea. Si no tiene esta precaución, pueden “dañar” sus posibilidades ante quien lea sus antecedentes, al no poder formarse una idea adecuada de cuáles son sus intereses y motivaciones laborales.

Es un poco más discutible el que sea una buena opción la de hacer un Magister, dado que la combinación de una muy alta calificación formativa y baja experiencia, dificulta el ubicarse laboralmente, porque entra a jugar un papel complicado el factor remuneracional.


En el otro lado de la medalla, ¿qué ocurre con quienes tienen 50 o más años de trabajo y pierden el empleo estable?.

Acá la complicación es al revés. Habitualmente las expectativas (necesidades) económicas son altas y, además, el nuevo empleador potencial duda por dos razones: (1) Capacidad física para el trabajo, es decir, riesgo de licencias recurrentes; y (2) nivel de actualización laboral.

Respecto de lo primero, la trayectoria anterior es la mejor evidencia, o la mayor complicación que deberá explicar. En este aspecto, no tengo más comentarios.

En lo segundo, su principal herramienta es su currículum vitae. Trate de que sea breve, concentrándose en los productos y/o resultados, más recientes, logrados con una activa participación de su parte.

Los nombres de los cargos desempeñados, cada vez son menos considerados como aval de calidad laboral, en las entrevistas de selección. Por eso la sugerencia de concentrarse en lo más reciente (últimos 5 – 10 años), destacando productos concretos que resulten eventualmente atractivos (interesantes) para el lector de la empresa interesada en su postulación. Lo fundamental es que se encuentren antecedentes que permitan apreciar su vigencia laboral.

En este segmento, las ofertas laborales son menos, tanto por la especialización como por el valor de estos cargos de mayor complejidad. Las redes que le pueden ayudar son, seguramente, solo las que están más cercanas a su línea profesional. Por lo mismo, la lógica de las peticiones son las mismas descritas, pero para una lista mucho más corta y con ofertas de contribución técnica que deben ser, también, muy específicas y concretas.

La buena noticia es que, en este segmento, se abre un nicho muy importante referido a la realización de asesorías especializadas que, incluso, con alguna frecuencia se transforman en la nueva forma estable de desempeño profesional y financiamiento personal.


¿Para incorporar a la lista de la primera columna, es decir de contactos directos, es imperativo que la persona esté trabajando?.

En realidad no. Lo expresé así en el comienzo de este texto, porque es lo más habitual. Pero también puede serlo la pareja de un contacto, que esté sin trabajar por opción propia, o bien, porque es dueña de casa, etc.. En resumen, lo ineludible es que sea una persona a quien nosotros podamos asociarle contactos en la segunda columna. Por lo demás, ya debe estar claro que toda persona tiene su propia red de contactos.


En resumen: Si está sin trabajo, o si se quiere cambiar del actual empleo, al margen de las alternativas propias de los sistemas de reclutamiento (avisos en la prensa, sitios web especializados, bolsas de empleos, etc.) usted puede ampliar sus oportunidades logrando el apoyo de su red de contactos, pidiéndoles, a ellos, que le colaboren en una distribución intencionada a sus propios contactos. Para ello, adecúe su CV de modo que cada versión sea especial, breve, y pensada en que lo citen a una entrevista. Si consigue esa entrevista, ya solo depende de usted. Si le va bien, excelente. Si no resulta, concéntrese en la entrevista siguiente. Si usted quiere, usted puede.

FIN